PT-UNÍOS

22 de febrero de 2021

Editorial

Contra el Covid-19, el capitalismo y su fracaso

No se tomaron en serio la segunda ola de la pandemia. El gobierno de Vizcarra echó la crisis sobre la clase trabajadora e impuso, junto a la CONFIEP y los gremios empresariales, una criminal reactivación económica neoliberal con el objetivo de “volver a la normalidad”. El gobierno de Sagasti continuó esa misma política, pero la realidad le obligó a retroceder y, ante el rápido crecimiento de contagios y muertes por Covid-19, no le quedó otra que volver a una cuarentena “bamba” que no quiere ni puede sostener, y que solo usan para reprimir al pueblo mientras los contagios siguen creciendo. 

La medida para hacer frente a la segunda ola no solo llegó tarde, sino que encontró al sistema sanitario en las mismas condiciones que en la primera: fragmentado, privatizado, y presupuestalmente debilitado. Como resultado, una veintena de hospitales se reportaban incapaces de atender a más pacientes por falta de camas UCI y “escasez” de oxígeno. La crisis del oxígeno evidencia que una economía “capitalista de mercado” es incompatible con el derecho de garantizar la salud a la población. Sin embargo, el Gobierno destinó S/. 60 mil millones de soles para reactivar la decadente “economía de mercado”, mientras que para el sistema público de salud solo presupuestó la tercera parte de ese monto.

Las vacunas llegadas al país son muy importantes, pero insuficientes, toda vez que, los grandes laboratorios farmacéuticos la patentan y luego la producen como mercancía con el objetivo de obtener ganancias y no de salvar vidas. Y todos los gobiernos son cómplices de estos negociados imperialistas al callar y suscribir millonarios contratos con corruptas “cláusulas de secretismo” y de impunidad a favor de estas transnacionales.

La frágil, parcial, y a cuenta gotas campaña de vacunación también se ha visto afectada por una razonable desconfianza de la población, en parte alimentada por la ineficiencia y la falta de claridad del propio Gobierno, y por las mentiras de Vizcarra que se vacunó a escondidas en acuerdo oscuro con los funcionarios chinos usando vacunas que deberían ir a la primera línea de médicos y enfermeras. Esto motivó la renuncia de Mazzetti al frente del Ministerio de Salud, entrando en su reemplazo Óscar Ugarte, el responsable de monopolizar el mercado de oxígeno como Ministro de Salud en el segundo gobierno aprista (2006-2011), siendo un remplazo para que nada cambie.

Queda claro que los responsables políticos del colapsado sistema sanitario son los diversos gobiernos neoliberales; que la economía capitalista de mercado es incompatible con el derecho a la salud y la vida de la población, que las vacunas deben producirse para salvar vidas y no como mercancías para enriquecer a unas cuantas transnacionales. El capitalismo solo podría frenar la pandemia sacrificando millones de vidas, en primer lugar, a los más pobres. Eso es lo que están provocando los gobiernos con las dos pandemias, la del Covid-19 y la de la barbarie capitalista.

En este brutal escenario se despliega la hipócrita campaña electoral, donde los discursos de todos los candidatos y candidatas giran alrededor de cómo salvar la putrefacta economía capitalista en un contexto de pandemia, y una enorme crisis del régimen de representación burguesa. Así nos lo muestran las últimas encuestas de Ipsos que colocan a Forsyth en primer lugar con 11 %, seguido de Lescano con 10 %, Mendoza y la señora “K” con 8 %, Urresti con 7 %, así como a Guzmán y De Soto con 4 %, es decir, prevalece la desconfianza y el repudió hacia toda la “clase política”.

La CONFIEP apuesta por una candidatura que no cambie nada de fondo, pero sus candidatos no cuentan con respaldo popular. Los outsiders podrían continuar el mismo programa económico neoliberal, pero nada les garantiza que las circunstancias y las calles los obliguen a tomar medidas populistas. El fujimorismo ha quedado muy golpeado y sus bases más conservadoras se van con el ultraconservador Rafael López, el Bolsonaro peruano. La izquierda reformista de Mendoza, Arana o Castillo en lugar de radicalizarse con la situación, se corren al “centro” e incluso Mendoza anuncia que su gobierno sería “aliado de los empresarios”.

Muchas candidaturas, pero ninguna es opción para la clase trabajadora. Por eso llamamos al pueblo trabajador a dar la espalda a todos los candidatos, viciando o anulando el voto, y profundizando las luchas concretas para acabar, por ejemplo, con la suspensión perfecta de labores.  Por eso continúa abierta la tarea de construir una alternativa que verdaderamente represente los intereses del pueblo trabajador y sus justas aspiraciones de vivir en una sociedad que ponga por delante la salud, la educación y el empleo digno, sin explotación, con remuneraciones y pensiones justas, que defienda el medio ambiente y ofrezca justicia y seguridad para nuestra niñez y vejez, mujeres, poblaciones andinas y amazónicas, así como para las minorías sexuales y étnicas. Esto solo podrá lograrse desde un gobierno de los trabajadores que planifique democráticamente nuestra economía para ponerla al servicio del país y de las urgentes necesidades de la población.

Creemos que esa alternativa es el Partido de los Trabajadores-Uníos (PTU) que construimos al calor de las luchas de la clase trabajadora y apuesta por un cambio de fondo; con un programa anticapitalista que, en lo inmediato, levante una campaña internacional por democratizar la producción y distribución de las vacunas contra el Covid-19 suspendiendo ¡ya! las patentes médicas. ¡No más vacunas como mercancías! Y que luche por un sistema de salud 100 % público y gratuito ¡No más la salud como negocio! Por un sistema público, gratuito, y 100 % estatal de educación. ¡No a la mercantilización de la educación! Por la eliminación de la tercerización laboral y los CAS. ¡Abajo la explotación laboral! Por la anulación de todos los privilegios tributarios y contratos lesivos para el país a favor de las grandes empresas. Por el no pago de la fraudulenta deuda externa. Por una asamblea constituyente libre y soberana que recoja estas y otras propuestas, así como un gobierno de los trabajadores que las lleve a cabo, hasta sus últimas consecuencias.