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PT-UNÍOS

19 de marzo de 2021

Venezuela: con xenofobia y en el exilio, los obreros se niegan a morir

                                                                                                                         Escribe: NJ

La tragedia venezolana, al día de hoy, puede que a todos nos parezca pan de cada día, mediático, pero algo de lo que no nos hemos dado cuenta es que presenciales, en primera fila y tiempo real, de cómo un país que hace tan solo 20 años pasaba por ser estable, aunque con dificultades, a ser uno donde se vomita de manera masiva a los que son generadores de esa riqueza: los trabajadores; y para eso estamos hoy, para hacer un pequeño análisis sobre la migración venezolana desde una perspectiva obrera, denunciando los ataques xenófobos y explicando un poco las raíces de estos, denotando siempre la gran precariedad que viven los venezolanos en este país que en manos obreras, daría para todos.

Venezuela: con xenofobia y en el exilio, los obreros se niegan a morir

«…y es que las banderas no son más que trapos de colores que en estos instantes generan murallas invisibles que no nos permiten ver lo evidente y es que todos los que vendemos nuestra fuerza de trabajo tenemos las mismas necesidades y es menester unirnos sin importar color ni nacionalidad…»

 

El proceso de expulsión de mano de obra sobrante en Venezuela alcanzaría su pico en los años 2017, pero es un proceso que iniciaría desde los años 2013, dándose poco a poco primero en las capas más acomodadas de los sectores obreros más tecnificados, que preveían la situación de desastre inminente a la que el chavismo estaba llevando el país de la mano de Nicolás Maduro. En el año 2016 la crisis económica daría un salto enorme, con respecto al 2015, estamos hablando de un cóctel de inflación que acumulada durante ese año llegaría a ser de 800 %, y una escasez brutal de alimentos y medicinas que llegaría al 77 % (datos del economista Luis Vicente León), ante este cuadro monstruoso el proceso de expulsión de mano de obra de Venezuela tuvo un repunte expresado en 36 mil venezolanos que salieron y entraron a Perú, estos hechos fueron motivando una respuesta tajante por parte del expresidente Pedro Pablo Kuczynski en apoyo hacia los migrantes venezolanos que, en el año 2017, tomaría forma de una serie de facilidades migratorias como la creación del Permiso Temporal de Permanencia (PTP), campañas para la obtención del carnet de extranjería, ofrecimientos de seguro médico conocido como SIS, regularización del estatus migratorio solo teniendo cédula de identidad venezolana ,e incluso, la convalidación de títulos universitarios, donde se planteaba la aceptación de estos sin necesidad de estar debidamente apostillado, pues la burocracia chavista hacía la obtención de cualquier trámite una odisea épica. Estos beneficios aumentarían el tránsito de obreros venezolanos al Perú, quienes ante la desesperación por la terrible tragedia buscaban desesperados poder producir y reproducir su vida, cosa negada por la dictadura.

Mano de obra barata para un régimen explotador

Vale la pena hacer el comentario jocoso, ante tantas facilidades y beneficios uno podría preguntarse, ¿qué podría «malir sal»? Pues la respuesta es bastante compleja. Un dato que tal vez no se conocía en demasía previo a la cuarentena, es que según el INEI (Instituto Nacional de Estadística e Informática) la economía informal abraza al 73 % de la fuerza laboral del Perú, ergo la llegada de los venezolanos no hizo otra cosa que engrosar aún más esas cifras, de las cuales según el mismo INEI informa que el 90 % de los venezolanos se encuentran en ese sector de la economía, dándonos a entender que la gran mayoría de los obreros expulsados por la dictadura chavista se encuentran en una situación laboral en extremo precaria que no hizo sino agudizarse más durante la pandemia. Hablamos de que existen infinidades de testimonios de venezolanos trabajando sin contrato para empresas formales, sin seguro médico de ningún tipo, con jornadas laborales de 15 horas, por sueldos risibles, más bajos o no correspondientes con la intensidad del trabajo realizado, con condiciones de seguridad laboral que serían un escándalo en países europeos o E.E U.U. (cabe destacar que no hay una estadística que hable de accidentes laborales a venezolanos en Perú), pero ahí, en este sector es solo una parte, pues el grueso de los venezolanos se encuentran en el sector del comercio, donde se replican más o menos las mismas condiciones pues gran parte del comercio en el Perú es informal o también son cuentapropistas. A muchos obreros venezolanos no les ha quedado de otra más que salir a la calle con lo que tienen a vender productos en los que ellos mismos invierten como muchos otros peruanos, todo esto en cierta medida y en sus sectores ha acrecentado la competencia entre obreros (industriales o comerciales) lo que poco a poco ha ido trayendo a ese viejo fantasma que le gusta mucho a los políticos burgueses, ese fantasma que no recorre el mundo pues no busca la liberación de las masas explotadas y angustiadas, que viven boqueando como pez fuera del agua buscando saborear ese chiste que nos han vendido como «libertad», no, este fantasma busca dividir para hacer que nos dominen, el fantasma de la xenofobia.

Xenofobia impulsada desde arriba para esconder el desastre que vive el pueblo peruano

Últimamente este fenómeno ha ido dando rienda suelta en la sociedad peruana donde ciertos sectores de izquierda y de derecha populistas, y la prensa amarillista aprovechando el clima electoral se han hecho eco y han sido difusores de discursos que no pueden ser tachados de otra cosa sino discursos de odio, si bien es cierto que la barbarie del capitalismo chavista ha devenido en la lumpenización de un sector de obreros bastante precarizados en Venezuela, y eso con el avanzar de la crisis ese sector también se ha visto forzado a emigrar, tampoco es una realidad que, ni siquiera, una cuarta parte de la población venezolana en Perú esté implicada en delitos comunes o actividades ilícitas, y sin embargo para la prensa amarillista -gran parte de la prensa peruana- y los políticos populistas como el candidato Daniel Salaverry o el señor Antauro Humala, ex militar fascista, los venezolanos representan un problema, tanto así que la prensa da extrema cobertura de hechos delictivos cometidos por algún venezolano incluso por semanas al mismo evento noticioso, también el candidato Daniel Salaverry hizo una amenaza pública en tv, donde aseguraba que de ser elegido, enviaría a todos los venezolanos ilegales en el Perú en un barco a Venezuela si «Maduro no se hacía responsable de su gente», discursos de odio como estos se dan en Perú sin ningún tipo de sanción, impunemente, sin el temor de que esto pueda desencadenar actos de violencia contra una minoría que está siendo golpeada por todos los flancos, que tiene que soportar la precariedad laboral más extrema, una cuarentena que a muchos dejó en la calle porque los desalojaron impiadosamente, un desempleo brutal, con una población femenina que sufre el triple pues por todo esto nombrado también hay que sumarle el acoso sexual y las violaciones de las que son víctimas en una sociedad enfermizamente machista donde los feminicidios de peruanas son algo cotidiano, dando lugar a esto a que las redes sociales como TikTok y Facebook se encuentren enormes contenido difundiendo mensajes xenófobos pero también debates incluso entre peruanos que repudian la xenofobia, estos últimos hechos tuvieron un contexto curioso pues, ocurrieron durante unos sucesos de violencia en Trujillo donde murió un venezolano a manos de un sicario peruano, y otro en Colombia donde murió un joven peruano a manos de un venezolano y un colombiano, presuntamente, que a su vez, ocurrieron estos hechos durante el destape del caso conocido como #Vacunagate donde funcionarios amigos del expresidente Vizcarra y él mismo se vacunaron mucho antes de comprar las vacunas, mientras miles de peruanos se encontraban muriendo en el precario sistema de salud peruano.

Con esto que afirmo a título personal no quiero dar a entender o denunciar algún tipo de teoría conspiranoica, sino denunciar el carácter politiquero con que la xenofobia es utilizada por los políticos burgueses y la prensa burguesa, que ponen de excusa estos lamentables hechos aislados como cortina de humo para de algún modo tapar todos sus hechos de corrupción y marramucias con la finalidad de distraer a los obreros peruanos y venezolanos para ellos continuar manteniendo esta sociedad tan injusta que los tienen a ellos en la cima de nuestros hombros comiendo el fruto de nuestro trabajo sin poder garantizarles ni a peruanos ni a venezolanos un sistema al menos decente para cubrir y poder defenderse en esta pandemia que ha negado la vida de compañeros que pudieron haberse salvado con la atención debida.

La vida del peruano está marcada de este modo por la dificultad extrema de poder acceder a un sistema de salud pública como debería ser, entonces, si ya de por sí es difícil para los peruanos, solo queda indignarse más aún por la situación de la clase obrera venezolana en Perú, pues, según datos del MINSA en Perú existen 15 camas hospitalarias por cada 10.000 habitantes, mientras que en Chile son 22, en Brasil 24 y en España dobla el número con 32, por esta razón el sistema de sanidad pública en Perú se vio totalmente rebasado ante la capacidad del contagio del Covid-19, dejando a los venezolanos desprovistos de poder acceder a un sistema de salud de calidad pues, con la precariedad laboral, los sueldos bajos y toda la problemática ya descrita se vuelve prácticamente un lujo burgués poder acceder a la salud privada, donde existen sí, casos de venezolanos que se han visto en la necesidad de endeudarse con prestamistas o recibir ayuda caritativa para poder pagar una operación sencilla como la de una apendicitis pues, ni siquiera las ONGs, que incluso muchas de ellas reciben dinero que según información de E.E U.U, son 6 millones de dólares al año por parte de E.E U.U hacen algo al respecto, y como nadie fiscaliza qué pasa con ese dinero pareciera que se deshace en el viento, pues los trabajadores venezolanos están soportando esta dura crisis solos, sin ver un solo centavo de dicha ayuda que pudiera hacer la diferencia, todo eso ocurre mientras el Estado peruano otorga groseras cantidades de dinero a la CONFIEP para poder «reactivar la economía» a costillas de los trabajadores que mueren sin poder recibir algo tan sencillo como lo es un tanque oxígeno para poder salvarse sus valiosas vidas.

Por la unidad de los trabajadores de todos los países y nacionalidades

Muchos se preguntarán, ¿qué hacer? Sin dudas la pandemia ha puesto en tela de juicio toda esa libertad y progreso que el capitalismo y sus apologistas nos han vendido, también ha puesto en tela de juicio la capacidad de movilidad social que estos vulgares difusores de mitos llevan años replicando en favor de medidas económicas liberalizadoras que en estos momentos están dando un terrible golpe en las espaldas de venezolanos y peruanos, entonces lo que nos queda es entender una cosa, y es que las banderas no son más que trapos de colores que en estos instantes generan murallas invisibles que no nos permiten ver lo evidente y es que todos los que vendemos nuestra fuerza de trabajo tenemos las mismas necesidades y es menester unirnos sin importar color ni nacionalidad para poder potencializar nuestro trabajo en función de una sociedad donde se superen nuestras necesidades básicas y sea abolida la ganancia burguesa como motor del desarrollo social entonces, es una necesidad entrar a hacer política, formar sindicatos en conjunto, pelear cada batalla sin mirar de donde se viene, dejar a un lado los mitos y la soberbia nacionalista porque por encima de nuestras nacionalidades está la imperiosa necesidad de darle a nuestras familias y a nosotros mismos el pan, la ropa y las cosas necesarias para producir y reproducir nuestras vidas; es difícil pero no es imposible, solo nos queda el miedo pues lo único que tenemos que perder son las cadenas que nos atan a esta barbarie dantesca.